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miércoles, 19 de febrero de 2014

Maracaibo anochece en estado de sitio


La capital zuliana era anoche un escenario digno de un guion de The Walking Dead. Soledad, peligro y angustia colectiva. Era la muestra del caos generalizado, la orden que se hizo eco en cada intersección

Por Gustavo Ocando Alex / La Verdad

"¡Prensa hermano, somos de la prensa! Necesitamos ir hasta el Core 3". La explicación nada le importó. Él siguió caminando, con la mirada desorbitada, sin siquiera escuchar razón. El hombre, diminuto, de tez morena, franela y bermuda mugrientas, balbuceó mientras rondaba de una esquina a otra en el cruce de la avenida Delicias con Prolongación Circunvalación 2: "No, no... ¿quién dejó pasar esos carros? ¡Cierren la vía!".

Era la muestra del caos generalizado, la orden que se hizo eco en cada intersección. Una aguja incómoda repetida entre un pajar de manifestantes, banderas, cauchos incendiados, escombros, piedras de considerable tamaño y troncos. Se dispuso de todo lo que sirviera para obstaculizar cada esquina del norte de Maracaibo... y funcionó. La capital zuliana era anoche un escenario digno de un guion de The Walking Dead. Soledad, peligro y angustia colectiva.

Las vías colapsadas se multiplicaban como gremlin furioso empapado de agua -de fuego, realmente-. Un estado de sitio no declarado: Bella Vista, 5 de Julio, Fuerzas Armadas, Delicias, Juana de Ávila, Universidad, La Trinidad y demás calles y avenidas principales del norte citadino eran anoche un laberinto de llamas y zozobra, sin salidas visibles.

Atracos y hogueras

La oscurana reinante en el alumbrado público permitía que los fogonazos esquineros prevalecieran. Las cocteleras de patrullas del Cpbez también iluminaban, aunque por segundos, pocos tramos. Caminar era la alternativa. Y semejante reto a la integridad personal y grupal empeoraba con el transitar de motorizados, la mayoría con sus parrilleros.

Los mototaxis -o presuntos como tales- salieron a hacer su agosto en febrero. Colaboraban con el susto citadino. Y esa emoción no era paranoia: en solo diez minutos corrió la voz de al menos tres atracos de motorizados. Atestigüé uno en la esquina de Delicias con avenida Universidad: un frenazo entre una veintena de personas, pistola desenfundada, mano en el bolsillo y dos celulares menos en la zona. Arrebatones en tiempos de revolución callejera.

Las zonas urbanas se asemejaban a trincheras de guerra. La música de fondo eran cacerolazos, especialmente en Milagro Norte. Allí hubo reportes de represión a los protestantes -no pocos de ellos niños y adolescentes-, disparos de perdigones y lanzamiento de bombas lacrimógenas. Al cierre de esta edición se conoció la detención de al menos seis manifestantes en el lugar.

En el desconcierto el carné de periodista jamás rindió al nivel que tiene entre la civilidad. "Chapear" no otorgó inmunidad ante los caóticos. Fueron ellos los que reinaron por horas en la tierra amada, al menos durante una noche, por la hoguera y la anarquía.



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